martes, 14 de diciembre de 2010

Manifiesto contra el Cuantismo

El Cuantismo es un disparate científico y un horror intelectual.

Creer en el Cuantismo es vivir en una pesadilla teórica y es también fraternizar con una obscenidad filosófica.

Originalmente fue una teoría provisional, pero cual pequeña mala yerba el
Cuantismo ha crecido desproporcionadamente cubriendo con su ponzoña todo
el bosque, que requiere como cura un gran incendio y descontaminación
de su suelo para recuperar la tierra.

Simplemente porque un formalismo matemático resultó elusivo nos han inundado
con la parafernalia cuántica que incluye el Principio de Incertidumbre,
la Dualidad Onda-Partícula, interpretaciones probabilistas, saltos cuánticos
espontáneos, ruptura de la causalidad, negación del determinismo, partículas
virtuales, variables ocultas, violación local de la conservación de la energía, Principio de Complementariedad, Gravedad Cuántica y tantos otros absurdos.

El Cuantismo, negando irresponsablemente las leyes causales, ha creado una
maraña de credos parecida a la brujería, y no al conocimiento científico. La
magia, aunque esgrima ecuaciones, es superstición para bobos.

El azar y la estadística, útiles como son para organizar grandes conjuntos
de datos sencillos y para aliviar la ignorancia, no pueden aceptarse como
explicación última de los fenómenos físicos.

Añoramos conocimiento libre del Principio de Incertidumbre. Deseamos entendimiento sin la deshonra de negar la causalidad. El Cuantismo es el Gran Engaño para ocultar ignorancia.

El Cuantismo es un pantano viscoso. La lucha debe mantenerse por una Física
libre de la Mecánica Cuántica, la Electrodinámica Cuántica, las Teorías
Cuánticas de Campo, la Mecánica Cuántica Estadística y similares. Denunciamos todos los Cuantismos como partes que son de una monstruosidad
cultural.

La boñiga, aunque fertilice el suelo, no puede considerarse un manjar. Si los cálculos funcionan, bienvenidos sean, pero sólo como tales. Todo lo que de útil tenga el Cuantismo debe ser utilizado. Los autovalores y los orbitales están ligados a los hechos, pero no pueden usarse para justificar la larga lista de estupideces derivadas del Cuantismo.


Liquidar el Cuantismo es un acto de bondad, una necesidad cultural, un imperativo histórico. Pero no cabe esperar que los actuales expertos y las autoridades del Cuantismo, adornados con sus títulos, premios y medallas, con atados de sus arbitrados entre iguales y supuestamente importantes artículos de investigación en ambas manos, cometan suicidio científico. Tienen intereses creados en el Cuantismo.

Señale un cuantista y estará usted mostrando alguien más preocupado por su
status académico que por la vigencia de la razón. Los defensores del Cuantismo están dolorosamente infectados con una enfermedad insidiosa.

La caída del Cuantismo será un logro de la generación emergente, de los que
no aceptan compromiso, de los buscadores de la verdad.

El Cuantismo ha secuestrado el honor del espíritu humano. Vamos al rescate.

[Fechado en Oteyeva, Caracas, el 15 de Septiembre de 2006.]